¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Todo depende de mi!

Los libros han sido para mí una fuente de inspiración. Desde la muerte de mis padres han constituido la más grata, emocionante, positiva y sabia compañía. Todo esto, gracias a mi padre que desde los 5 años, si mi memoria no me falla, me enseñó a amarlos.

Decidí iniciar mi blog con este artículo, ya que acabo de leer un libro basado en cartas de su autor, a sí mismo, y aunque me han llamado la atención muchas de ellas, hay una en particular que ha inspirado en mi, la elaboración de este escrito.

He aquí, la Carta 20 de La brújula Interior de Álex Rovira Celma. El escrito inicia así “Lo que a veces puede parecer algo negativo, un obstáculo, un freno, un revés a lo que consideras tu propósito, una experiencia vivida como fruto de la mala suerte, quizá sea en realidad lo mejor que te podía ocurrir…”

Al leer éste párrafo, recordé cuando por primera vez leí sobre la Resiliencia y la capacidad que tenemos los seres humanos de reponernos ante las adversidades y aprender de ellas, reflexioné también cómo nuestra mente, nuestras creencias o miedos nos hacen creer que no es posible transformarlos, fortalecernos y aprender.

En éste libro el autor cita un cuento de otro libro “Ligero de equipaje, de Carlos G. Vallés, S. J. Que Dice así:

Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos.

Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó:

“¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”.

Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Éste les respondío: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”.

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró aquello como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”

Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, le dejaron tranquilo. “¿Había sido buena suerte?¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”.

Es por esto, por cosas vividas y otras aprendidas que estoy convencida que la buena o la mala suerte depende de nuestra actitud frente a cada situación que se nos presenta. Si adoptamos una actitud pesimista, percibiremos el evento como algo terrible, quizás mucho más de lo que realmente es. Esta visión trágica no nos permitirá ver las posibles salidas.

El 13 de noviembre de 1985, a mis 11 años, la pequeña ciudad en la que vivia desapareció, dejando no solo desolación en mí, sino, en miles de personas que logramos sobrevivir, entre éstas 25.000 personas estaban mis padres, 3 de mis 4 hermanos, mis abuelos, tíos, primos. Éste evento cambió por completo la historia de mi vida. En Armero desaparecieron o fallecieron cerca de 25.000 personas.

Pensando en el cuento que expone Rovira, podría pensarse que éste fue un evento de mala suerte, en el que todos estuvimos allí en el momento y a la hora menos indicada. Pero como lo dice el cuento, todo depende con qué ojos lo veamos.

Hoy no podría decir que éste evento fue en realidad lo mejor que me podía ocurrir, pero lo que sí puedo decir, es que me ha enseñado, más de lo que yo pude imaginar, especialmente en esos primeros años que siguieron a la tragedia y también durante mi adolescencia, ya que renegaba todo tiempo por mi vida, y me preguntaba ¿Porqué me ocurrió todo eso?

Poco a poco y a medida que pasaba el tiempo, fui comprendiendo que tenía dos caminos, el primero seguir en depresión, lamentandome por mi vida, por la perdida de mi familia, mi hogar y mis hermanos, en resumen en un proceso de victimización o inspirar pesar, o el segundo, inspirarme en los aprendizajes que me dieron en mis primeros años de vida mis padres y comprender que con el tiempo debía concentrarme en lo que realmente deseaba para mí.

Me recuerdo una y otra vez a mí misma, que han pasado cosas maravillosas en mi vida y que de mi depende cual de mis voces prefiero alimentar. ¿Aquella que se siente la víctima de las circunstancias? o ¿aquella que triunfa y aprende de la adversidad?

En conclusión, he aprendido que eso que puede parecer algo negativo o catastrófico puede ser transformado en una experiencia no de mala suerte o de buena suerte, sino en lo mejor que podría ocurrirme, porque me hice fuerte con el tiempo, sin perder la dulzura, la gratitud y el amor por la vida y por todos aquellos que me rodean, y lo más importante de todo es… que todo depende de mi y eligir de cada día desde que lugar deseo vivir.

Vedanta no te habla de algo inalcanzable.

Vedanta te dice que AQUÍ Y AHORA puedes vivir una vida mejor. Solo hace falta que te dispongas a probar y comprobar que tu vida puede cambiar.

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